top of page

LADO A, LADO B

Autor: Roberto Santos


El escenario geopolítico mundial sufrió una sacudida sin precedentes a principios de 2026 con la ejecución de una operación directa por parte de los Estados Unidos, que resultó en la captura del presidente en funciones de Venezuela, Nicolás Maduro. Este hecho, que puso fin abruptamente a años de un régimen enquistado en el poder, no solo generó una ola inmediata de reacciones globales, sino que también abrió un debate profundo sobre los límites del poder, la soberanía y la legalidad internacional. La acción norteamericana ha forzado al mundo a confrontar una realidad compleja, donde la celebración por el fin de una era autoritaria choca frontalmente con los métodos utilizados para lograrlo.

 

¿Celebrar y condenar a la vez? Este dramático giro de los acontecimientos nos obliga a analizar la situación desde una perspectiva dual, un "Lado A" y un "Lado B" de una misma moneda. Surge entonces una pregunta fundamental y difícil: ¿Es posible celebrar genuinamente la libertad recién adquirida por un pueblo largamente oprimido y al mismo tiempo, condenar con rigor la intervención extranjera que la hizo posible? La respuesta, aunque compleja y cargada de matices, es afirmativa. Nos enfrentamos a un escenario donde la justicia moral y la legalidad formal parecen estar en extremos opuestos.

 

Lado A: La legitimidad social y el fin de la tiranía

 

 En una cara de la moneda encontramos la legitimidad social de la acción. Es crucial recordar que, en teoría, el Derecho Internacional está diseñado para proteger a los pueblos, no para blindar gobiernos que se vuelven contra sus ciudadanos. La soberanía reside de manera intransferible en el pueblo, por lo tanto, cuando un régimen cierra sistemáticamente todas las vías democráticas y se sostiene mediante la represión, su remoción deja de percibirse internamente como una invasión extranjera y pasa a verse como una restitución del poder usurpado. La euforia masiva, el alivio palpable en las calles de Venezuela y la validación ciudadana otorgan una legitimidad fáctica a la operación, representando una aplicación extrema y no procesal (pero práctica) de la doctrina de la "Responsabilidad de Proteger". Para el ciudadano de a pie, el día de la captura no cayó simplemente un presidente, se liberó a un país entero que estaba secuestrado por una estructura criminal exportadora de miseria.

 

Lado B: La erosión del sistema internacional y el peligroso precedente 

 

Sin embargo, el reverso de la moneda revela consecuencias oscuras para el orden global. Mientras las calles de Caracas celebran, la arquitectura legal internacional tiembla hasta sus cimientos. El método utilizado por Estados Unidos sienta un precedente alarmante. Al actuar sin un mandato del Consejo de Seguridad de la ONU, la operación constituye técnicamente un acto de agresión unilateral, violando el Artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas que prohíbe el uso de la fuerza contra la independencia política de un Estado. Además, la captura de un Jefe de Estado en funciones rompe el principio fundamental de la inmunidad soberana (par in parem non habet imperium), donde "entre iguales no hay imperio". Estados Unidos ha actuado efectivamente como juez, jurado y ejecutor global. El riesgo es inmenso: si validamos que una superpotencia decida unilateralmente cuándo intervenir, ¿qué impide que mañana Rusia o China hagan lo mismo en Ucrania o Taiwán, respectivamente, bajo sus propias justificaciones?

 

La Realpolitik: Intereses energéticos y tutelaje 

 

Más allá del debate legal y moral, la situación debe leerse a través de la lente de la "Realpolitik", desnudada por las confesiones explícitas de figuras como Donald Trump. Frases como "We are going to take over the oil" (Vamos a tomar el petróleo) revelan que asegurar el control sobre la Faja del Orinoco es un objetivo de seguridad nacional primordial para Occidente, evidenciando el profundo interés energético detrás de la fachada humanitaria. Además, la afirmación "We will run the country" (Nosotros dirigiremos el país) anula la idea inmediata de una verdadera autodeterminación venezolana, sugiriendo un tránsito de un autoritarismo local a un esquema de tutelaje extranjero directo. No hay agenda oculta aquí, el intercambio es claro: libertad para Venezuela a cambio de control energético y seguridad hemisférica para EE. UU.

 

El dilema de 2026: La fuerza como ley suprema

 

La caída de Maduro nos deja frente a una paradoja incómoda y definitoria para esta era. Estamos atrapados entre la innegable justicia moral de ver caer a un régimen acusado de crímenes de lesa humanidad, y la aterradora certeza de que el Derecho Internacional se ha vuelto opcional para las superpotencias. Hoy, Venezuela respira esperanza, pero el mundo entero entra en un territorio inexplorado donde la fuerza militar vuelve a imponerse como la ley suprema.



Comentarios


ESPACIOH promueve el liderazgo de jóvenes hondureños con talento y amor a la patria. ¡Únete hoy a la generación del cambio!

info@espaciohnd.org

 

¿Como te pareció?No me gusto :(Pudiera mejorar 3/5 :(¡Increible!¡ME ENCANTA!¿Como te pareció?

¡Encuentranos en otras plataformas!

  • Instagram
  • X
  • YouTube
  • LinkedIn
  • Facebook
bottom of page